Venezuela, hiperinflación y criptomonedas

El bolívar, la moneda de Venezuela, lleva años en caída libre. Contra la hiperinflación, los emprendedores y el Gobierno apuestan por las monedas digitales. Y mucha gente recupera así algo de independencia.

Hace años que la inflación consume todas las reservas de los venezolanos. Lo que ganen hoy puede no tener ningún valor mañana. Según estimaciones, la inflación ascendió a un inimaginable 6.500 por ciento en 2020. En comparación: la Unión Europea (UE) aspira a un aumento de precios del dos por ciento.

De ahí que la mayoría de los venezolanos convierta sus reservas en dólares. Según la consultora venezolana Ecoanalítica, el 66 por ciento de todas las transacciones tienen ya lugar en la moneda estadounidense. Pero las criptomonedas, como en otros países hiperinflacionarios como Zimbabwe, también gozan de gran popularidad. Una evaluación del volumen de operaciones en la plataforma LocalBitcoins lo demuestra: el volumen de bolívares venezolanos en bitcoins ha aumentado considerablemente desde fines de 2019.

Compras con bitcoin, ether y compañía

La empresa de análisis de blockchain de Nueva York Chainanlysis, también asume que Venezuela es uno de los países más activos del mundo en lo que respecta a monedas digitales. Debido a que la mayoría de las criptomonedas se administran de manera descentralizada, es difícil realizar un levantamiento estadístico. Sin embargo, después de EE. UU. y Rusia, Venezuela es el país que negocia la mayoría de las monedas digitales en dólares estadounidenses P2P, es decir, directamente entre comprador y vendedor.

“Lo más común es que sean las tiendas de aparatos tecnológicos las que te permitan una opción de pagos en criptomonedas, así que comprar un computador o un smartphone usando criptomonedas es bastante común; de hecho, personalmente compro mis cosas de tecnología usando criptomonedas”

Pero estos métodos de pago digitales se aceptan en cada vez más y más tiendas. Además de joyería y otros artículos de lujo, se puede comprar “desde comida hasta muebles, cocinas o neveras, adornos para el hogar, ropa”, enumera Maldonado. En grandes ciudades como Caracas, Maracay o Valencia, a veces es incluso posible pagar con una moneda digital en un puesto callejero de comida rápida.

Pagando con petros en una tienda de Caracas.

Para la clase media, los refugiados y el Gobierno

Pero son principalmente las clases media y alta las que pagan o ahorran con criptomonedas. La conexión a internet suele ser muy deficiente en algunas partes del país, incluso en grandes ciudades. «La masificación del uso de las criptomonedas es aún un sueño para muchos», reconoce Maldonado.

En particular, para los muchos venezolanos que ahora viven en el extranjero, las criptomonedas son una forma de enviar dinero de forma económica y rápida a sus familiares. De los casi 30 millones de venezolanos, unos cinco millones han huido del Gobierno socialista al exterior.

El petro sigue luchando por su reputación

Mientras tanto, la primera moneda digital de un país, el petro, co-creada por Gabriel Jiménez, está siendo utilizada por el Gobierno como un instrumento estatal, que regala petros como parte de programas sociales. A mediados de 2020, los operadores de estaciones de servicio de combustible en el país declararon que alrededor del 15 por ciento de los pagos se procesaron a través del petro.

Y, al parecer, el Gobierno quiere aumentar aún más su aceptación. A finales del año, unos ocho millones de empleados recibieron medio petro como bono navideño, el equivalente a 30 dólares. Quien quisiera el bono tenía que registrarse en la plataforma estatal. Desde finales de 2020, también el pago de impuestos puede realizarse a través del petro.

El petro es la primera criptomoneda estatal del mundo.

No está claro hasta qué punto los funcionarios del régimen utilizan el petro para transferir fondos al exterior. Pero la acusación está sobre la mesa. Al igual que con bitcoin y otras monedas digitales, los remitentes y destinatarios reales de transferencias en petros pueden ser bien ocultados.

Para Gabriel Jimenéz, está claro que el petro fue un error: «Eso me impulsa ahora a trabajar más duro», dice. Lo único bueno del proyecto, considera, es que ayudó a ganar aceptación a otras criptomonedas.

Todavía es un grupo pequeño el que tiene acceso a monedas digitales. Aún así, parece que este pequeño y creciente grupo está recuperando gradualmente su libertad financiera. El riesgo está claramente definido: las criptomonedas son altamente volátiles. Pero, frente al inflacionario bolívar, para muchos, bien vale la pena.

Fuente: DW Alemania

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